Turismo “depredador” preocupa en San Andrés

Turismo "depredador" preocupa en San Andrés

Cada año, cerca de un millón de personas llegan a San Andrés para pasar las vacaciones y visitar los diferentes espacios de la Isla.

Por Andrés Felipe Bustamante

Evitar una crisis social y ambiental en la isla colombiana de San Andrés, deber ser el foco de trabajo de las autoridades ante el aumento del turismo “depredador”, debido a que los visitantes acceden a todos los servicios de manera inconsciente y no respetan las zonas de reserva.

Así, de acuerdo con lo destacado por Shirley Cottrell Madariaga, profesora de la Sede Caribe de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.), este turismo que genera ganancias al sector hotelero no es tan rentable para los comerciantes de la Isla, y mucho menos para el Archipiélago, que en 2001 fue declarado por la Unesco como Reserva de la Biósfera.

“Es un turismo depredador que acede a todos los espacios, no se respetan las áreas marinas protegidas y se tira basura en cualquier lugar. En contraste, no hay una oferta cultural que acerque los turistas a los pobladores, para que conozcan sus tradiciones”. Agregó la académica.

Cottrell, con cifras, reveló que cada año cerca de un millón de personas llegan a San Andrés para pasar las vacaciones y visitar Johnny Cay, el Acuario y el cayo Haynes Cay, la casa museo isleña, la cueva de Morgan, el ecoparque West View, el Jardín Botánico o la laguna Big Pond, atractivos que suelen ofrecer las agencias de turismo.

Esa población flotante, insiste la docente, tiene garantizado el acceso a los servicios públicos pero los residentes no, debido a que el modelo implementado establece un tipo de economía que le genera más beneficios a las cadenas hoteleras, pero sin un encadenamiento económico con el comercio local que favorezca a los pobladores, por ejemplo.

A su vez, la sobrepoblación es otro de los graves problemas del Archipiélago, ya que además de los pobladores que han conformado sus familias con personas de otras regiones de Colombia, algunos turistas optan por quedarse por más de tres meses y no hay una autoridad que los controle.

*Nota publicada originalmente en la Plataforma de Ciudades Latinoamericanas LA Network.

Con información de la Agencia de Noticias UN.

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