Mira, tu nieta se refleja en ti

“Esta tradición debe seguir de generación en generación, no puede quedar en el olvido; siempre en esta familia debemos saber que esta es nuestra gran herencia”. María del Mar Castillo.

Por Andrés Felipe Bustamante /comunicaciones Hotel Mariscal Robledo

Argemira Cano fue por más de 50 años la gran matrona de los tamalitos santafereños. El pasado 30 de diciembre, una penosa enfermedad acabó con su vida, pero le dio mayor fuerza a su legado imparable, que en las manos de su hija María Isabel y su nieta María del Mar, tiene asegurada la permanencia y presencia por muchos años dentro de la cultura santafereña.

En esta nota especial del Blog Mariscal Robledo, quisimos conocer una faceta diferente de Doña Mira. Para ello, conversamos con su nieta María del Mar, una joven que con metas y sueños propios, no olvida que tiene por herencia una cultura que mantener y por la que está dispuesta a luchar.

“Ella para mí fue muy importante porque siempre estaba pendiente, era muy alcahueta a su manera”, relata María del Mar, al tiempo que nos cuenta que su abuela era una mujer alejada de besos y abrazos, siempre su adoración la demostraba con sabias palabras en momentos precisos.

“Cuando hablaba de mí se expresaba de una manera muy bonita. Era una persona que no lo demostraba (su cariño) en caricias, pero lo hacía hablando mucho, ella hablaba mucho conmigo y me hacía darme cuenta de las cosas cuando no estaban bien y me indicaba cómo llevarlas de manera que era”. Resalta la joven.

Doña Mira, además, siempre fue una mujer de temperamento y muy directa para decir sus cosas. Tan sencilla y fuerte como las abuelas paisas, nunca titubeó para decirles a su hija y a su nieta cuando algo no le gustaba: “siempre decía todo sin pelos en la lengua (sic), pero también con la misión de corregirme y de que no hiciera las cosas mal”.

Un legado para llevar en el tiempo

“Los tamalitos no se van a acabar. Para las personas que piensan que ‘se acabó la tradición’, eso no va a pasar”: María del Mar. Foto: Gabriel Jaime Mazo / Festival Gastronómico Bienmesabe.

Pese a su juventud, María del Mar sabe que la historia que dejó su abuela en Santa Fe de Antioquia no debe quedar solo en un recuerdo, sino que se debe extender por las dos generaciones que por ahora tiene Doña Mira como representación. Claro que con sus sueños de joven alegre y festiva, sabe que debe luchar por sus metas y no dejar morir nunca lo que fue su abuela como realidad.

“Yo siempre he valorado y a ella siempre le dije que yo valoraba mucho su trabajo, porque hacer tamales no es nada fácil y uno llevar haciendo ya más de 50 años un producto es demasiado. Y ella con ese producto nos logró sostener a nosotros como familia, nunca nos faltó nada porque ella todos los días hacía tamales para tener todo para nosotros. Yo valoro mucho eso de ella”. Destaca María del Mar.

Doña Mira dejó un gran legado, una enorme herencia y un reconocimiento gigante en la comunidad gastronómica antioqueña, aceptado así por chefs internacionales como Federico Trujillo y Álvaro Molina. Un orgullo más que se le suma a la gratitud que su nieta le profesa de corazón.

“Yo creo que mi mamita se ganó el reconocimiento porque ella siempre estuvo con mucho esfuerzo y dedicación; ella era muy entregada y amaba lo que hacía. Yo creo que esa fue la clave más importante que ella siempre tenía mucho amor a lo que hacía”. Remarca.

Y es quizá ese ejemplo de amor y perseverancia la caja fuerte en la que Mira siempre guardó su herencia. Cada día, con muestras de cómo hacer las cosas con entrega y corazón, les fue inculcando a sus dos “mujercitas” cómo debían recorrer el camino de la vida, en el que cada paso debe ser tan firme como la fuerza del amor con la que lo des. Mira, siempre pisó fuerte, piso con amor y trazó un camino expedito que sirvió de herencia a su familia.

Los tamalitos en manos de las herederas

Hoy, a casi dos meses de la muerte de doña Argemira, escuchar las palabras de su nieta es casi como tener en las manos un contrato de permanencia de su herencia. Foto: Familia Cano

“Los tamalitos no se van a acabar. Para las personas que piensan que ‘se acabó la tradición’, eso no va a pasar, nosotras vamos a seguir con lo que dejó la abuela, porque a ella no le gustaría saber que dejamos acabar lo que ella dejó con tanto amor, sus tamales”.

La sentencia de María del Mar más que una afirmación es una promesa de amor, el amor que siempre le demostró a su abuela y que siempre las mantuvo unidas como maestra y alumna, y maestra de la vida y de una herencia.

“En este momento yo soy el apoyo de mi mamá quien quedó con la tradición, pero sé que luego seré yo quien la herede. Tenemos muchas ideas para expandir el negocio, queremos llegar a los barrios, recorrerlos, y que la gente sepa que hay tamales, que la tradición sigue”.

Y así como ella y su mamá, María Isabel, quieren que en Santa Fe perdure la herencia de Doña Mira, María del Mar sabe que las otras matronas santafereñas necesitan de mucho apoyo para seguir adelante con sus tradiciones. La joven, reconoce en ellas un legado y valor cultural muy importante de la Ciudad Madre.

“Con el Festival Gastronómico Bienmesabe las matronas se hicieron visibles, pero éste es un evento de tres días y ellas necesitan ser visibles siempre. Personalmente me gustaría que tuvieran un lugar específico, un espacio que las identifique y donde los turistas sepan que allí van a encontrar los alimentos típicos de nuestro pueblo, estos manjares que tenemos desde nuestros ancestros”.

Hoy, a casi dos meses de la muerte de doña Argemira, escuchar las palabras de su nieta es casi como tener en las manos un contrato de permanencia de su herencia. Así como María del Mar, muchas personas en Santa Fe y en el mundo culinario paisa no olvidan su legado que ha pasado municipios, departamentos, ciudades y países.

“Esta tradición debe seguir de generación en generación, no puede quedar en el olvido; siempre en esta familia debemos saber que esta es nuestra gran herencia”.

Mira llegó hasta lugares impensados con sus tamalitos y ahora desde el lugar donde reposa su espíritu, cuida con ojos vigilantes a quienes mantienen su legado. Ver a su hija y a su nieta luchando con su mismo amor porque nunca la olviden, demuestra que valieron la pena más de 50 años de duro trabajo. Para su familia, Mira siempre amasó un futuro de amor y recuerdos.

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