Mira, la inspiración de los tamalitos santafereños

Sus manos ya reflejan el tiempo. Aunque con movimientos lentos, sus desplazamientos son firmes y seguros. Da un paso, toma un amasijo entre sus manos y comienza a moldear. Reposa, da una mirada a su cocina y continúa. Ahora, es una piedra su herramienta y unos dientes de ajo su insumo: golpea, machaca, tritura. A su costado izquierdo ya tiene las hojas de plátano doradas, los aliños picados y el molde para darle forma a su arte gastronómico: los tamalitos santafereños. Conoce la historia de quien está detrás de esta delicia que puedes encontrar en nuestro menú.

Por Andrés Felipe Bustamante R.

Así, son los días de doña Argemira Cano, Mira, desde hace ya casi 50 años. Todo mundo la conoce, todos la preguntan y muchos la buscan para saber más de eso tan delicioso que ella hace, que la gente ensalza y que muchos se llevan incluso más allá de las fronteras. Lleva ella sobre su cabeza ya cana, la historia de ser la matrona de los tamalitos santafereños, un bocado que con receta propia se ha ganado un puesto de privilegio en las mesas de quienes los llevan.

El espacio en el que trabaja es la cocina de su casa. Allí, Mira ha levantado su templo que ya reúne a miles de fieles, y con su pujanza y entrega, puede decir con orgullo que su sabor ha dejado descrestados a Ministros y expresidentes. Es una mujer de pocas palabras, pero de una mirada tan profunda como su fuerza para trabajar.

Doña Mira le apuesta a lo tradicional, al sabor propio y sin elementos externos que brinden colores, sabores o sensaciones fuera de lo común; su preparación ya por sí sola es una descomunal cascada de sabores típicos, que la historia santafereña ye dejó reposar en sus libros más preciados.

“Es un tamal que se hace natural, no tiene preservantes, o sea, todos los productos que se utilizan en el tamal son tradicionales de acá del municipio empezando por la hoja de plátano que se dora y nosotros la compramos, generando así una nueva cadena de empleo y producción”, destaca María Isabel Villa Cano, hija de doña Mira.

María Isabel, precisamente, y su hija María del Mar, acompañan ese momento en el que conocimos sobre cómo doña Mira prepara su producto encantador. Saben ellas, una con más conciencia que la otra, que de sus manos dependerá en un futuro la prolongación de esta tradición.

“Tenemos que alimentar esta tradición a nuestros hijos, a nuestros nietos, porque es algo que viene de nuestros ancestros y que es algo hecho con amor y mucha dedicación”, destaca María Isabel.

El famoso tamalito santafereño

El tamalito tiene un aspecto pequeño, pero su contenido en sabores es una experiencia gigante. La receta es básicamente una combinación de elementos naturales, de verduras bien acopladas, de una buena utilización de la naranja agria, típica de la región, y de unas manos doctoradas en el arte de amasar y poner el sabor en su punto.

“La naranja agria es la que le da el toque ácido al tamal santafereño. Es muy distinto al tradicional tamal antioqueño, pues el tamal santafereño solamente tiene el guiso de tomate y cebolla con jugo de naranja agria, y un pedazo de carne de cerdo”, remarca María Isabel.

Sin embargo, nada podría hacer de este plato algo más tradicional, encantador y lleno de sabor, que un distintivo único en el proceso de preparación, que aunque suene exótico o extraño, es un toque de finura con tradición paisa que pocos se imaginarían: la maza de los tamalitos santafereños es aliñada con chicharrón.

Para los antioqueños, el saber que el chicharrón se encuentra presente en una receta, es simplemente decirle “vaya, coma, es muy bueno”. Ese toque de finura, le agrega a los tamalitos santafereños, literalmente, otro ingrediente que los convierte en un bocado tan tradicional. Es este, otro motivo del por qué los tamalitos de doña Mira trascienden las fronteras para hacer vidas felices, para envolver en historia a todos los que se animan a probar su sabor único.

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