Entre callanas, la vida de Blanca tomó un sentido a tradición

No hay una manera muy lógica de definir la sensación al llegar a la casa de Blanca Lezcano. Tal vez, la mezcla entre el olor a mañana tras la lluvia – muy particular en Santa Fe de Antioquia- y el carbón a pleno fuego, se conjugan con las ganas de por fin tenerla frente a frente y verla en acción, ahí, con sus arepas, su proceso y el fogón de callana.

Por Andrés Felipe Bustamante

No es una mujer de afanes, pero sus pausas duran poco. Siempre mira a los ojos, responde cada pregunta con certeza y tiene la sabiduría propia de quien asimiló que su oficio, hace parte de una histórica y rica tradición cultural que se está quedando en el olvido.

Recuerda con nostalgia que tenía ocho años cuando la preparación de las arepas en callana llegó a su, entonces, corta vida. Como en muchos de estos casos de gastronomía tradicional, fue su madre quien la heredó, quien le entregó el testimonio y quien le dijo “mija, usted será la sucesora”. No obstantes, es una nostalgia que alegra el corazón; es la nostalgia de quien con orgullo supo adaptar su vida y recibió los consejos, que más que palabras de madre, son pedazos de un manifiesto antioqueño reflejados en un círculo de maíz amoldado por manos pujantes.

Al verla en acción la sensación es sorprendente. Es una mujer que tiene claro su espacio, su territorio, sus capacidades, su esfuerzo, sus metas… pero sobre todo, su legado. Con orgullo cuenta cómo a pulso sacó la familia adelante. Recuerda cuando trabajó en una empresa productora de arepas, pero más aún tiene tatuado en el alma el momento en el que volvió al fogón de callana, y no abandonó nunca más este platillo de barro que tan buen sabor le da a su producto.

“Yo preparo todo con mucho cuidado. Lavo el maíz, lo cocino, luego muelo, limpio las callanas y comienzo. Es muy importante hacer cada paso con cuidado, porque quien lo creyera, cada uno es igual de importante. Mire yo le cuento: si dejo cocinar el maíz más tiempo, entonces el grano para molerlo ya es distinto, o sea, es como si dejo la arepa en la callana menos tiempo y se me pega, o si la paso a la parrilla y se me quema, ¿me entiende?, cada paso es muy importante”, comenta la simpática Blanca mientras le da la vuelta a una arepa que, por nuestra culpa, se quemó.

Foto: Andrés Felipe Bustamante

Continuando con la charla, doña Blanca comienza a detallar un poco más los momentos de su producción. Nos contó que las arepas en callana han llevado su nombre a varios municipios de Antioquia, a Bogotá, Cali y hasta a Estados Unidos. Y es que es muy recurrente, y nos tocó presenciarlo, que las personas lleguen y le pidan 20 o 30 arepas para una mañana, con lo cual asegura siempre la necesidad de producir y tener contentos a sus fieles.

La tradición en sus manos

Quizá uno de los momentos más complicados de esta visita a Blanca Lezcano, la famosa productora de arepas en callana en Santa Fe de Antioquia, fue cuando comenzó a relatar sus ya recurrentes problemas de salud a causa de este oficio. Para ella, es preocupante sentir el dolor en sus manos que provoca el contacto con el fogón de carbón caliente, el aire que circula por su fogón de callana y el agua con la que se debe lavar.

“Oiga, me da un dolor pero muy fuerte. Lo que pasa es que muchas veces me tengo que mojar acalorada y es algo que debo hacer, aunque también me debo ciudad, porque la verdad el día en el que yo deje de hacer estas arepas, esto acá se acaba”, destacó Blanca.

Foto: Gabriel Jaime Mazo

Esa parte, la de reconocer la falta de relevo generacional, provocó en Blanca la única cara de angustia en más de dos horas de verla trabajar y conversar. Una angustia que siente quien por años se encargó de prolongar una tradición que va quedando solo en sus manos y que no quiere ver desaparecida.

Fueron más de 40 los procesos que vimos durante este encuentro con Blanca y sus callanas en acción. Fue más que gratificante escucharla, mirarla a los ojos y sentir de su propio calor el amor que tiene por su forma tradicional de hacer arepas.

En sus manos se encargó de alzar con todo un proceso que viene de muchos años y que por muchos más ha sido el sustento de su familia. Con esas manos, ya cansadas y delicadas por el trajín, Blanca no solo levantó a una familia, sino que carga el peso de una cultura que están dejando morir.

Leave a Reply